El cuento del rey desnudo.
Érase una vez un reino, cuyo rey siempre estaba enfadado. Los súbditos y sirvientes le evitaban por su mal carácter. Esto aumentaba su enojo y, aunque era un rey muy rico, no era feliz.
Era muy exigente y cuando se le contradecía, cosa poco habitual, o las cosas no eran como él quería, era tal su ira que sus consejeros no osaban nunca quitarle la razón, por miedo no ya a perder su puesto, sino la misma cabeza.
La riqueza del rey era conocida, no solo en su reino, sino también en los del entorno, así como su genio. Un día llegaron dos charlatanes, que se decían sastres de reyes, y convencieron al iracundo Rey de que para celebrar su onomástica, lo mejor sería hacerle el mejor traje que se hubiese confeccionado jamás, realizado con las mejores sedas, con hilo de oro e incrustaciones de piedras preciosas, el traje solo digno de él.
Pero le dijeron que tendría una característica especial, solo sería visto por aquellas personas que no fueran codiciosas o envidiosas, porque era tal la maravilla y riquezas del traje que era necesaria esta magia para protegerle de los envidiosos y de aquellas personas que pensaban que no se lo merecía, solo la gente honesta y sana serían capaces de ver el vestido del rey en todo su esplendor.
Llegado el día de la fiesta, el rey fue vestido por los sastres y escoltado por su guardia y vestido con el supuesto vestido. Montado en su caballo, salió muy orgulloso desfilando por las calles de la ciudad. La gente avisada de la extraordinaria cualidad del vestido del rey, callaba y veía pasar a su rey muy sorprendidos, hasta que un niño de corta edad, desconocedor de la supuesta maravilla, gritó riéndose y señalando al —Jaa, jaa, jaa, el rey va desnudo, el rey va desnudo— y el engaño se desmoronó.
Los gritos y risas del niño se contagiaron a los otros niños y luego a los adultos y pronto todo el pueblo se comenzó a reír y carcajear entre risas, gritaron todos «el rey va desnudo», … «El rey va desnudo»; los cortesanos del rey y sobre el mismo rey, avergonzado por el engaño y su estupidez, reconoció que sí iba desnudo.
El rey, avergonzado por idiotez, ordenó volver al palacio y castigar a los pícaros por semejante afrenta. Pero eran pícaros, no tontos, y sabedores de su fechoría, mientras el rey se exhibía en su desnudez, habían desaparecido con todo el dinero, joyas, oro, plata y sedas que les habían sido entregados para confeccionar el vestido del rey.
La soberbia y altanería del rey la había desnudado ante todos.
Adaptación libre del clásico de Hans Christian Andersen “El rey desnudo”.
Y tú, quién eres: el rey desnudo, o el niño que le ve desnudo?
Tu desnudez proviene de la ignorancia de tu origen. Desconoces tanto sobre ti que es como si fueras desnudo por la vida.
Vivimos en una realidad llena de reyes desnudos, donde los niños que ven la desnudez no son bien recibidos ni tenidos en cuenta. Y el rey sigue desnudo, todos siguen desnudos porque hay que seguir el ejemplo del rey (2º nivel evolutivo).
Tu rey desnudo es tu corazón sin amor, desconectado de tu alma. El niño es tu conciencia que insiste en ayudarte a despertar.
Y de nuevo volvemos a la dualidad, despierto — dormido, conectado — desconectado.
Es la eterna dualidad del ser y no ser.
Pero, ¿cómo saber cuándo yo soy yo y no otra cosa?
Ser consciente es la vía, para darte cuenta de cuándo estás vestido y cuándo desnudo.
Pero, ¿qué es la desnudez?
Es la desconexión del alma.
Crees que eres magnífico, porque todos en tu entorno así te lo dicen, alabando tus bellos ropajes. Pero no puedes dejar de sentir algo en tu interior. En apariencia todo es perfecto, pero tú no puedes dejar de sentir una cierta inquietud en tu interior. Porque dentro de ti no puedes dejar de escuchar la voz del niño, que te sigue diciendo que estás desnudo, y en lo más profundo de ti lo sabes, porque te falta algo, añoras, la conexión con tu alma.
Escuchar al niño es primer paso para vestirte o aceptar tu desnudez.
Cuando reconoces y aceptas esta dualidad, comienzas a acercarte a la unidad de ser tú mismo (7º nivel evolutivo)
Pero, qué es la unidad.
Es volver al hogar, conectarte a la fuente de donde manda la existencia. Es ser uno con el amor. (7º nivel en adelante)
Y esto cómo se hace
Aceptarte es el inicio, comprenderte el medio, conocerte el propósito, ser tú mismo en toda tu plenitud, el fin o propósito de la gran obra (8º nivel, misión).
Acechando tu desnudez. Amándote tal como eres.
Acechar es la habilidad de abrir y cerrar el foco con inteligencia (3.er y 4º nivel evolutivo).
Te enfocas en un punto crítico para captar la información, el detalle y abres el foco para comprender el contexto.
El proceso de abrir y cerrar el foco requiere tu atención, la plena conciencia, para que puedas ser testigo del evento (plano mental, mente neutral, 5º nivel evolutivo).
Te mantienes en la neutralidad, sin emitir idea alguna con respecto al acechado. Al no emitir ideas, la mente se mantiene en silencio y puedes acceder a la esencia del evento y su comprensión, trascendiendo la dualidad. Y entonces ves al rey, puede estar vestido o desnudo, eso ahora no importa, lo importante es que lo ves tal como es en la realidad, y la realidad incorpora ambos aspectos, por lo que no hay conflicto ni dualidad.
Entonces puedes elegir con sabiduría desde el corazón (7º nivel evolutivo) y tu preferencia temporal se relaja, porque se acabó la urgencia, ahora estás en paz, y desde este estado de armonía interior accedes a una nueva forma de relacionarte con el tiempo, la cuarta dimensión desde tu corazón.
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