Las creencias son las semillas que crean tu realidad.
Imagina que tu mente es como tu jardín. A lo largo de los años, has plantado diversas semillas: algunas florecen en hermosas flores, mientras que otras son malas hierbas y perjudican tu jardín y es necesario las arranques para que las flores puedan crecer mejor.
Las creencias son como semillas, unas son ideas luminosas que te ayudan a crecer y a estar bien, mientras que otras son como «malas hierbas». Esas son tus creencias limitantes, ideas que has aceptado como verdades y que limitan tu desarrollo personal.
Por eso, el primer paso para limpiar tu «jardín mental» es reconocer estas creencias y entender de dónde provienen y su función.
¿Qué son las creencias limitantes?
Las creencias no son cosas sofisticadas. Solo son ideas, algunas positivas y nos ayudan a estar bien, porque esa es su función; mientras que otras no te aportan nada, salvo confusión, estas son las limitantes. Una creencia limitante es un pensamiento negativo, sobre algo o sobre ti y que aceptas como verdadero cuando en realidad no lo es. Solo son interpretaciones distorsionadas de tu mapa de la realidad.
Por eso las creencias pueden actuar como poderosas motivadoras o como barreras invisibles, imposibles de franquear, verdaderos límites que te impiden alcanzar tus y vivir feliz.
Por ejemplo, si piensas «que no eres bueno en…»Aquí pon eso que tú sabes». Se cumplirá.
Es lo que llamamos: tu profecía autocumplida, porque al pensar que eso es cierto, te lo crees, alimentando esa creencia y limitándote más, bloqueando tu verdadero potencial.
¿De dónde vienen estas creencias?
Al igual que en el jardín, muchas creencias vienen por el aire (entorno exterior, cercano, amigos, familia…) Y el lejano (el clima, cultura, religión, políticas…) Todos estos entornos de una forma u otra ponen semillas en tu jardín.
Muchas de nuestras creencias limitantes se forman durante la infancia, basadas en experiencias personales, comentarios de figuras de autoridad o la cultura que nos rodea. Por ejemplo, lo que te decía tu padre, lo que escuchabas de tus amigos, todo eso que escuchaste en tu entorno lo fuiste internalizado, modificando tu entorno interior. Tu jardín, y el resultado son esas cosas que ahora piensas que no puedes… O que no te mereces, y que las haces realidad.
Ejemplo:
Imagina que Ana, desde pequeña, escuchó a sus padres decir que la estabilidad para una chica como ella solo la lograría con un trabajo de oficina. Ahora, a sus 30 años, aunque sueña con emprender su propio negocio, siente un miedo paralizante al riesgo. Esta creencia limitante, implantada en su niñez, le impide perseguir su pasión.
Cómo identificar tus creencias limitantes:
- Autoobservación: Presta atención a tu diálogo interno. Anota esos pensamientos recurrentes que te desaniman o te hacen sentir incapaz. Por ejemplo, frases como «no soy lo suficientemente bueno» o «esto es demasiado difícil para mí».
- Cuestiona su origen: Pregúntate: «¿De dónde viene esta creencia? ¿A quién me recuerda? ¿Por qué la adopté?»
Cuando identificas el origen, puedes evaluar su validez y cambiarla. Antes no, porque no sabes por qué está ahí, ni su función en tu vida actual.
- Busca evidencia contraria: Desafía la creencia buscando situaciones en las que hayas experimentado lo contrario con hechos reales. Por ejemplo, si crees que no eres bueno hablando en público, recuerda ocasiones en las que lo hiciste con éxito.
Transformando tus pensamientos limitantes en ideas positivas:
Una vez identificadas, es momento de reemplazar esas creencias negativas por otras que te impulsen. Es como cambiar una lente oscura por otra más clara que te permite ver el mundo con más claridad y optimismo.
- Reformula la creencia: Cambia una afirmación negativa por una positiva. Por ejemplo, transforma «no soy bueno en esto» por «puedo mejorar…» «estoy aprendiendo».
- Crea afirmaciones positivas: Crea afirmaciones que refuercen tus nuevas creencias y repítelas diariamente. Por ejemplo, «soy capaz de aprender y mejorar cada día». E insiste hasta que sea tu nueva realidad.
- Acción gradual: Da pequeños pasos que refuercen tu nueva creencia. Si antes pensabas que no podías correr una maratón, comienza caminando distancias cortas y aumenta progresivamente y si es necesario para ti encuentra un buen entrenador.
Ejemplo:
Carlos siempre creyó que no era bueno para los deportes porque en la escuela le decían que era «torpe». Decidió desafiar esta creencia y descubrió dos cosas:
- Que no le interesa el deporte.
- Y que… le encantaba bailar. Se apuntó a clases de baile. Y no solo descubrió que se le da bien bailar, sino que además disfrutaba con esta actividad. Como resultado de este entrenamiento, no solo se lo pasa bien, además mejora su coordinación, la confianza en sí mismo y se valora más.
Resumen:
Reconocer tus creencias limitantes es el primer paso para cambiarlas por otras buenas para ti. Es como comenzar a circular sin el freno de mano puesto y se nota una barbaridad.
Por eso transformar tus creencias limitantes es esencial para tu crecimiento personal y estar bien.
Porque al hacerlo, te liberas de esas cadenas invisibles que te han mantenido estancado y abres la puerta a un mundo de posibilidades.
Recuerda, tu mente es como un jardín; depende de ti arrancar las malas hierbas y cultivar las flores que deseas ver florecer.
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